Con Amanda fue como: entro hombre cansado, salgo en 'modo fin de semana'. Rovato, edificio normalísimo, toco y me abre esta brasileña de 28 con cuarta en primera fila y cara de 'ya sé que viniste aquí a arreglarte el ánimo'. Me dice: 'Tranquilo, aquí no se trabaja, aquí todo se derrite', y me planta en la cama como si fuera un proyecto en renovación. Ochenta bien gastados