De Leona en un apartamento discreto, edificio normal, nada de escenografías raras. Me abre ella: menuda pero con curvas en los sitios justos, 30 años, sonrisa cálida y ojos que te escanean en tres segundos. En la habitación baja las luces, pone música, me hace tumbarme desnudo en la camilla y empieza con el aceite. Las manos son suaves pero decididas, arrancan de hombros y espalda, luego poco a poco bajan, juegan en las caderas, en los muslos, se acercan cada vez más a las zonas 'interesantes', sin lanzarse de golpe al lío...construye la cosa como se debe, un montón de material, gran follada
En Nápoles está el lungomare, el café y luego está Leona en Chiaia, que es prácticamente el patrimonio sensual de la zona. Treinta años llevados con la seguridad de quien sabe que es un bombón y un culo brasileño que hace la mitad del trabajo solo entrando por la puerta. Ambiente de playlist de reggaetón suave, sonrisas, bromitas y rai1 de vértigo.