Lika es la chica típica del centro de Milán: joven, 24 años, físico delgado, talla segunda natural y una elegancia que te impacta en cuanto abre la puerta. No es la más barata, pero se nota enseguida que apuesta por la calidad: apartamento ordenado, luces tenues, ella maquillada lo justo, vestida de forma simple pero sensual. No hace numeritos, es directa, te pone cómodo con dos sonrisas y alguna broma, y cuando se acerca entiendes por qué está en el centro y no en la periferia.
Con Lika en el centro de Milán todo fue muy sencillo: la puerta se abre, 24 años, físico delgado, talla segunda [tetas], vaqueros ajustados y top que no perdona. Rasgos de Europa del Este, piel clara, movimientos tranquilos pero seguros. Tiene esa forma de estar cerca de ti sin hacer dramas, pero haciéndote sentir exactamente dónde debes estar.
Ariadna en Prati es una rubia de 'oh mierda' en cuanto abre la puerta: 23 años, tercera llena bien puesta, piel clara, curvas suaves pero jóvenes. Entras y sientes de inmediato una mezcla de timidez y picardía: te mira, sonríe poco pero cuando te toca todo cambia. En la habitación es más física que charlatana, se sube encima despacio, te estudia y luego se suelta. Los 180 no son baratos, pero con la edad, presencia y ese modo de moverse lento y sensual, sientes que los gastaste con gusto.
En Prati encuentras embajadas, profesionales con corbata... y luego Ariadna, 23 años, bielorrusa, talla tercera de pechos y ese aire de “soy dulce, pero no me subestimes”. Masaje erótico y mamada con corrida en la boca para aplausos, realmente una pasada.
Sguardo da porcellina, una patata vera e propria, bella a dir poco...mi indurisce immediatamente, una vera fica d'oro.mezz'oretta di passione, una delle pecore più belle che abbia fatto ultimamente.
Lusia a Prati è proprio la classica sorpresa buona. Ventiquattro anni, terza piena, fisico curato ma senza esagerazioni, vestita semplice e pulita. Ti apre con un sorriso timido ma sicuro, due chiacchiere sul traffico romano e ti senti già più rilassato. Ha quell’aria dolce tipica dell’Est, ma gli occhi furbi che ti studiano bene. Tempo rispettato, nessuna fretta, esci con la sensazione di aver speso 180 in qualcosa che ti ha davvero staccato la testa dai pensieri...ti prende in bocca e ti fà venire con una naturalezza incredibile.