Fui con la cabeza llena y salí ligero. Ali es simple pero intensa: no habla mucho, pero te comunica todo con el contacto y con cómo se acerca a ti. 34 años y se nota que sabe lo que quiere, sin ser fría. En su casa hay discreción y ese hilo de malicia que sube poco a poco, sin vulgaridad. Experiencia limpia, cálida, para repetir cuando quieras desconectar de verdad.