En el centro de Milán pillé a una de 36 años que te hace entender enseguida que aquí se curra bien: futón, ambiente sencillo pero cuidado, y manos seguras. Empieza holístico, luego pasa al cuerpo a cuerpo sin prisas y sin teatro. Trata el lingam con atención de verdad, y cuando llega al oral lo hace con una naturalidad que no parece “servicio”, parece ganas... pero sin el parece diría yo. Tela de cosa.