Con Barbara en Ventimiglia es como pasar de la frontera al subidón en dos minutos netos: fuera el caos, dentro ella que te abre la puerta como si te estuviera esperando desde siempre. Veintisiete años, energía brasileña, sonrisa de 'hoy te arreglo yo'. Una horita que empieza con manos suaves y termina con un 69 de aplausos. Bien bien bien
Ventimiglia, mar, frontera... y luego está Barbara, la oficial de aduanas entre 'día normal' y 'noche que no le cuentas a todo el mundo'. Veintisiete años, talla segunda de sujetador deportivo, sonrisa de fiesta en la playa y un acento que solo ya te pone de buen humor. Dos bromas, tres pasos hacia la cama y puff, te encuentras con ella tumbada a tu lado como si fuera la pausa más natural del mundo. ...sabe moverse, eso está claro