Con Margherita me sentí inmediatamente a gusto. Está en Brescia, ella me abre la puerta, 38 años, cuerpo voluptuoso, una quinta que se nota de inmediato y una forma de ser decidida pero acogedora. Me hace entrar, dos palabras para romper el hielo, nada de vergüenza, ambiente tranquilo pero con ese toque de complicidad que no viene mal. Sabe manejar los tiempos y las formas, no te hace sentir fuera de lugar ni por un segundo. Cuando salí, además de los 3vu menos, tenía mucha menos tensión y una sensación sincera de “vale, esta ha sido una muy buena elección”.