Con Cata en Monfalcone fui 'para probar' y salí queriendo hacerme una suscripción mensual. Timbre, puerta que se abre, ella 23 años, latina petite con tercera bien llena y esa sonrisa pícara que te hace pensar 'ok, aquí me arreglan el día'. Nada de hielo inicial: me hace entrar, me toma un poco el pelo por lo tenso que estaba, dos bromas y me derritió más que una ducha caliente. Ambiente simple, cero teatro, pero cuando salí tenía la cara de alguien que durmió ocho horas seguidas.