Con Angela en Piacenza es un poco como ir al centro comercial 'solo para mirar' y salir con tres chaquetas: dices que estás curioso, luego te encuentras perdido en sus 20 años, una tercera que sonríe sola y ese aire ingenuo-pero-no-demasiado. El precio no está escrito en ningún lado, pero la matemática es simple: media hora con ella vale más que muchas noches aburridas en el bar. Vuelves a casa preguntándote cuándo puedes 'volver a dar un salto al centro'...un culo inolvidable